El Proyecto 150K no comienza con una ceremonia, sino con
el sonido sordo de mis botas contra el suelo mientras el skyline de Bangkok se
convierte en un recuerdo en el retrovisor de mi mente. Esta primera etapa es,
en esencia, una transición biológica: es el proceso de ver cómo la megalópolis
se desintegra lentamente para dar paso a lo que yo llamo el Cinturón Verde.
El laberinto de los Khlongs: Una arquitectura de agua
Al cruzar los límites de Nonthaburi, el paisaje cambia radicalmente de
piel. Dejamos atrás las avenidas de seis carriles para internarnos en una red
de canales de irrigación (khlongs) que funcionan como las
venas vitales del centro de Tailandia. Aquí, el mapa me obliga a abandonar el
cemento liso por senderos de tierra compacta y pasarelas de hormigón estrechas
que serpentean sobre el agua.
Caminaremos por la "puerta de atrás" de las casas. Veré la Tailandia de madera y teca, con viviendas construidas
sobre pilotes que parecen flotar sobre el limo del río. Son fachadas decoradas
con jaulas de pájaros cantarines y buganvillas de un fucsia eléctrico que
cuelgan hasta rozar la superficie del canal. Es un paisaje donde el horizonte
está siempre fragmentado por la vegetación: no hay edificios, solo una sucesión
infinita de tejados de zinc y templos locales cuyos techos dorados emergen
entre las copas de los árboles como barcos encallados en la selva.
Un ecosistema que se respira: Mangos y
Humedad
En este tramo, el aire tiene peso. Con una humedad que rozará el 90%,
el paisaje se vuelve casi líquido. Atravesaremos zonas de huertos de mangos, árboles de durián y plantaciones de bananeros
tan densas que la luz del sol llega al suelo filtrada, de un color verde
acuático.
A pie, a este ritmo de 12 min/km, los
detalles se vuelven gigantes:
·
El aroma: Una mezcla constante de incienso de los
pequeños altares callejeros, el olor dulce de la fruta madura que cae al suelo
y ese aroma metálico y terroso que desprende el río Chao Phraya cuando el sol
empieza a calentar.
·
El color: El verde no es un solo color aquí; es
un degradado que va desde el esmeralda brillante de los arrozales jóvenes hasta
el verde oscuro, casi negro, de la vegetación que bordea los canales más
antiguos.
·
La vida en los porches: Veremos la Tailandia
que no tiene prisa. Ancianos reparando redes de pesca a la sombra de un
tamarindo, niños saltando al canal desde muelles de madera destartalados y
mercados flotantes improvisados donde una sola barca vende piñas frescas a los
vecinos de la orilla.
El primer gran duelo: El factor humano
Esta etapa no es solo un tramo de distancia; es un ejercicio de
observación. El paisaje humano es el más valioso: el saludo de un campesino que
se detiene bajo su sombrero de paja para verme pasar, extrañado de ver a
alguien caminando donde todos usan moto.
El objetivo es alcanzar Bang Sai antes de
que el sol de justicia dé paso a la luz de "hora dorada". Bang Sai es
un punto estratégico donde el río Chao Phraya se ensancha, deshaciéndose de la
presión de la ciudad y mostrando su cara más salvaje. Allí, el paisaje se abre,
el cielo se vuelve inmenso y los primeros 40 kilómetros se asentarán en mis
piernas mientras contemplo cómo las barcazas de arroz, pesadas y lentas, se
deslizan hacia el norte.


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